No, hoy no vengo a escribir "poesía", como tampoco vengo a hablar de amor, o de tristeza.
Bueno, quizá sí, pero no de la manera en la que lo suelo hacer.
Vengo a hablaros de mi año, de mi 2016.
La verdad es que, y no es por hacerme la interesante, este año he tenido de todo, tanto bueno como malo.
He tenido risas, risas hasta llegar al punto de llorar, de caerme al suelo, risas de verdad.
He llorado, muchísimo, tanto de alegría como de tristeza, pero creo que de tanto llorar una saca sus propias conclusiones, una de ellas es que llorar es una buena terapia, te vacía por dentro, y así no se te queda ahí incrustado (el dolor, digo)
He querido (y quiero), tanto que me ha dolido (y duele) el pecho, el pecho por no tener a quien quería a mi lado. Y no, no he sentido mariposas, eso no eran mariposas, era vibrar por dentro, tocar el cielo con el cuerpo entero.
También me he estrellado, aunque también puedo llamarlo enfrentarme a mí realidad, quizá por no saber parar a tiempo, quizá por no querer bajarme de la nube, yo creo que la realidad me/nos superó, y no, no me arrepiento.
Creo que soy de esas personas a las que les gusta darlo todo cuando algo (o alguien) le importa de verdad.
He descubierto que soy capaz de salir de lo que me proponga, he descubierto mi lado cursi, mi lado más sensible, mi lado malo claro, todos tenemos un lado malo y yo no iba a ser menos.
Puede que sea verdad que después de la tormenta llega la calma, aunque en mi caso creo que todavía chispea.
De cualquier modo, ha sido un año bonito, un año que me ha marcado, un año especial, y también un año duro.
He aprendido a valorar las promesas, promesas de alguien que te dice que no se irá, y oye, que no se ha ido del todo, y que no lo haga.
He aprendido a valorar la amistad, y también a las personas.
Y si has llegado hasta aquí después de este párrafo, gracias, de corazón.
Y, para acabar, brindo, por ti que estás leyendo esto, por mí, por los que se fueron, y por los que han llegado, para que se queden conmigo mucho tiempo más.
viernes, 30 de diciembre de 2016
sábado, 24 de diciembre de 2016
Navidad en Madrid.
Y el invierno llegó
y con eso,
la nieve, el hielo
taparse hasta arriba
con la manta del sofá
o querer sentir tu calor
al otro lado de la cama.
Desayunar
chocolate con churros
en San Ginés,
pasear por el Retiro
enrollados en bufandas
enormes
pero tener tu mano
junto a la mía.
Ir a Gran Vía en Navidad
a Sol
todo lleno de gente,
ver a los niños ilusionados
con la llegada de los Reyes,
pobres inocentes,
ojalá les dure esa inocencia
toda la vida.
Quedarnos en casa
en Nochevieja
comernos las uvas en el sofá
o comernos a besos,
tú decides.
Y que llegue Año Nuevo
y que tú seas mi propósito
para el resto de mi vida.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Ya no.
Siento que ya no me queda nada dentro.
Que ya no me quedan lágrimas para llorar por ti.
Te llevas hasta eso de mí, otra cosa más...
Eso y trozos de mí.
Y sé que no volveré a ser la misma, lo sé y lo siento, a veces noto que estoy incompleta.
No sé si volveré a sentirme completa, no sé si alguna vez lo estuve.
Quizá tenía que pasar, que te marcharas y me dejaras aquí, quizá era lo mejor para los dos.
Apareciste, promesas, y ya no más.
Da pena, pero era nuestra realidad.
Hija de puta...
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