Contigo,
contigo siempre fue diferente.
Joder, era la o s t i a.
Tu mano en mi cadera subiendo por mi costado
era mi billete al cielo.
Mis uñas en tu piel, clavadas,
la mejor constelación que he podido ver.
Nuestra mirada cómplice,
(juro que sabía que me saldría cara)
que quería ser tuya
y me dejaste la marca en la piel.
Lo nuestro nunca fue matemático,
porque nunca tuvimos límites,
hasta hoy.
Vivíamos sin horarios,
y acabamos llegando tarde a nuestra propia función.
Ahora ya no sé en qué teatro meterme,
porque el mío está derruido
y todavía tengo que llamar
para que me lo vuelvan a construir.
Ya no más contigo,
ahora me toca estar conmigo
y descubrir de nuevo, quién soy.