estaba muerta.
se la veía en los ojos,
cada vez más apagados.
en su pelo,
ya casi no brillaba,
no se movía igual.
en sus manos,
ya no iban siempre
pintadas de rojo.
en sus labios,
estaban agrietados,
rotos, sareados.
se la veía hasta en la forma de andar,
cabizbaja.
y un día, se miró al espejo
se revolvió el pelo
sonaba alguna canción de las suyas
alguien que la abrazaba por detrás
y ella, por fin,
sonrió.
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