lo que ella no sabía,
es que Madrid
se había enamorado
de ella.
Sol se enamoró
de su pelo,
moviéndose
a lo largo de su espalda.
Que Fuencarral
se ha quedado marcada
con su pisada,
firme,
decidida.
A Gran Vía
se le ha quedado grabado
en todos sus escaparates
el reflejo
de su sonrisa.
Que la Plaza Mayor
sigue acojonada
con el azul
de sus ojos.
Serrano
sigue pensando
en sus piernas,
largas,
y en sus caderas,
sus curvas.
Y Él...
Él era el metro
que quería recorrer
todos los rincones
de su cuerpo,
y de paso,
perderse en ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario