domingo, 16 de diciembre de 2018

Solo tenemos una vida.

Hoy es domingo, otro domingo más, otra semana que se acaba, otra oportunidad más para empezar.

Tenemos, de nuevo, otra oportunidad más para cagarla, para empezar a hacer ejercicio o a comer bien, otra oportunidad para pedir perdón o para ponernos al día con los estudios.

El tiempo pasa para todos y se me van acumulando los domingos sin ti.
Toda mi vida ha cambiado de hace dos meses para acá. 
Seguramente esté más delgada, el pelo se me habrá aclarado y yo probablemente me haya oscurecido un poco más.
Los viajes en bus sola me han dado mucho para pensar, en qué quiero para mí, para mí vida, porque solo tengo una vida que vivir y quiero aprovecharla.
Quiero aprender a valorar los pequeños momentos
como un domingo de lluvia sentada cerca del radiador simplemente mirando por la ventana,
o tomándome un café en una cafetería bonita del centro, 
o yendo a verle porque simplemente me apetecía darle un beso.
He aprendido a valorar las pequeñas cosas, los detalles, como el que vengan a verte porque saben que estás malita y que necesitas un abrazo, que te tapen y te toquen el pelo. 
Que se le caiga la baba cuando me ve preparada para salir de fiesta.
Compartir un cigarro o la vida entera.
Sólo tenemos una oportunidad de vivir,  sólo tenemos una vida, y tenemos que exprimirla y dar mucha guerra.

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