domingo, 30 de diciembre de 2018

Mí 2018.

Ha sido un año de mucho crecer, de muchos cambios, de madurar, de intentar pensar más con la cabeza que con el corazón, aunque creo que eso no va conmigo.

Cuando lo empecé no me auto impuse unos propósitos inútiles que sabía perfectamente que no iba a cumplir, lo único que quería era ser feliz, bailar y reír mucho, y salir de mi zona de confort.
A grandes rasgos, lo he conseguido todo.
He bailado más que nunca con la gente de siempre, he bailado con gente que no conocía tanto pero que se quedarán durante muchos años, lo sé.
He reído muchísimo, de mí misma sobre todo, a veces puedo llegar a ser muy torpe y yo me caigo con facilidad...
También he sido feliz. Nunca pensé que diría eso... pero sí, he conseguido saborear aquellos ratitos de felicidad en los que parece que el mundo es un poco menos gris.
Aunque también he llorado bastante, no quiero tenerlo en cuenta, porque quizá en eso estaba fallando, en tener más en cuenta las lágrimas que las sonrisas.
Conseguí salir de mi zona de confort, de mi casa, mis amigos, mi círculo, mi pequeña burbuja, y estoy orgullosa de la gente que ha llegado. Nunca pensé que darían tanto de sí las noches en Salamanca.
Canciones, personas que vuelven y otras que se van, tequila, café, cigarros, el pintalabios corrido, faldas cortas, sonreír hasta que duela, caerme, y vuelta a empezar.
Te espero, 2019,
y brindo
por mí, para que no se me olvide que primero yo, después el mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario